SEFARAD
SEFARAD
EL LEGADO SEFARDÍ
SEFARAD es el nombre hebreo para la Península Ibérica y se refiere principalmente a las comunidades judías que vivieron en lo que hoy es España y Portugal.
La presencia judía en Sefarad tiene orígenes muy antiguos, remontándose a la época romana y posiblemente incluso a tiempos anteriores.
La misma escritura íbera es muy similar a la escritura paleo - hebrea sugiriendo un posible origen común.
Los judíos en la Edad Media en Sefarad vivieron una historia compleja, marcada por períodos de convivencia con otras culturas como la musulmana y cristiana con un gran esplendor cultural y religioso, así como periodos caracterizados por la discriminación, persecución y expulsión como en 1492.
Los judíos sefardíes desarrollaron una cultura única, con lengua propia EL LADINO, una forma de castellano medieval con influencias hebreas y otras lenguas. Todavía resuenan los refranes con origen sefardí en el vocabulario español actual.
Tras la conquista musulmana de la península (711), muchos judíos prosperaron bajo el califato de Córdoba.
Los musulmanes permitían la práctica religiosa a judíos y cristianos a cambio de un impuesto (la jizya).
Edad de Oro del judaísmo sefardí
En este tiempo, hubo un gran florecimiento cultural, literario, filosófico y científico. Al haber armonía y buena convivencia entre los pueblos se producía una gran riqueza intercultural favorable para todos.
Figuras destacadas
- Jasdai ibbén Shaprut
- Shemuel ibbén Nagrela
- Iehudá ibbén Shemuel Hal´Leví
- Avraham ibbén Ëzrá
- Moshé ibbén Maimón
- Shelomó ibbén Gabbirol
Contribuyeron a la traducción de textos clásicos del griego y árabe al latín, ayudando a preservar el conocimiento en Europa.
Aportando cultura y conocimiento
En la diáspora, los judíos siempre han procurado adaptarse con otras culturas, aportando su propia riqueza cultural y conocimiento.
A medida que los reinos cristianos reconquistaban territorio, la situación de los judíos fue cambiando.
Muchos reinos cristianos empleaban a judíos como médicos, administradores, recaudadores de impuestos o asesores. Porque el cristianismo prohibía a sus creyentes recaudar impuestos.
Se integraron en las ciudades cristianas y mantuvieron autonomía interna (aljamas).
A partir del siglo 13, la Iglesia católica aumentó la presión.
Concilios eclesiásticos ordenaron que los judíos llevaran distintivos (como la rodela amarilla).
Se les prohibió tener cargos sobre cristianos.
Comenzaron los pogromos (masacres), como los de 1391, especialmente graves en Sevilla, Toledo y Barcelona.
Muchos judíos se convirtieron al cristianismo (voluntaria o forzadamente). Se les llamaba “cristianos nuevos”.
La Inquisición, establecida en 1478, perseguía a los conversos sospechosos de practicar judaísmo en secreto (criptojudíos).
En 1492 Los Reyes Católicos ordenaron la expulsión de todos los judíos no conversos.
Se estima que entre 80.000 y 150.000 judíos fueron expulsados. Pero esto constituyó solo un tercio de la población total. La mayoría, como conversos, permanecieron en la Península diluyéndose con el tiempo su cultura y olvidando sus antepasados. Una gran parte de la población española actual es descendiente de los conversos también denominados ANUSIM.
Muchos platos de la cocina típica española tienen un origen judío y todavía hoy día muchos de estos tienen muchas semejanzas con la actual gastronomía sefardí.
Una gran parte de los que se marcharon de Sefarad se establecieron en el Imperio Otomano, el norte de África, Italia, y los Países Bajos.
La cultura sefardí con sus costumbres y conocimiento sobrevivió en el exilio.
El ladino se habló durante siglos en las comunidades sefardíes del Mediterráneo.
Hoy, el legado sefardí es objeto de recuperación y estudio, y en España y Portugal se ha ofrecido la nacionalidad a descendientes de los sefardíes expulsados y que tanta riqueza y conocimiento nos aportaron durante más de 2.000 años, formando parte de muchas de nuestras costumbres españolas actuales.

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